
Me hallaba errando por la calle cuando de pronto una palabra tosca y soberbia se fugo de mis entrañas. Me era difícil entender aquella naturaleza superflua para la que pocos han entendido y el colegio, que si bien jamás se ha distinguido por ser un lugar para entender la letristica, nada pudo mi mente, más que tirar aquella palabra sin masticar. Desde ahí que me e dedicado a perseguir a las palabras. Los rincones oscuros y las sombras inertes de lo pasajero y lo fútil, poco han ayudado las caminatas interminables por la soledad de mis espacios, los ojos que decir, solo ofuscan los significantes dejando el significado que hace enterrar aquellas filosas palabras que terminan decorando algún papel gastado de conversar.
Hay que buscar en la separación misma de las cosas, es decir, antes de que la palabra se eleve y después de pensarla. Es ahí donde trabaja la letristica, en lo mecánico y lo aparente, entre la saliva y la gota, en aquel momento en donde el pensamiento queda suspendido y la inercia de lo inerte sobrelleva las acciones en un momento donde la mente naufraga en su propio tiempo y el cuerpo es libre de la fusión monstruosa de la vida y logra de una vez arrancar de la armonía, burlando los reflejos, creando al fin los opuestos que rigen finalmente el parto, pero es antes del parto donde tenemos que llegar, es la creación misma lo que anhelamos, eso que alguna vez vomitaron curas desnudos sobre una mesa ocultándonos el lugar donde aloja indudablemente la palabra, ese lugar donde no se come ni se mastica aquella mentira para que luego se caguen verdades sobre la boca.
Buscamos el terreno, pero solo hallamos un silencio dialogante.
¿y donde mas podría estar la palabra?
José Ernesto Marti
Hay que buscar en la separación misma de las cosas, es decir, antes de que la palabra se eleve y después de pensarla. Es ahí donde trabaja la letristica, en lo mecánico y lo aparente, entre la saliva y la gota, en aquel momento en donde el pensamiento queda suspendido y la inercia de lo inerte sobrelleva las acciones en un momento donde la mente naufraga en su propio tiempo y el cuerpo es libre de la fusión monstruosa de la vida y logra de una vez arrancar de la armonía, burlando los reflejos, creando al fin los opuestos que rigen finalmente el parto, pero es antes del parto donde tenemos que llegar, es la creación misma lo que anhelamos, eso que alguna vez vomitaron curas desnudos sobre una mesa ocultándonos el lugar donde aloja indudablemente la palabra, ese lugar donde no se come ni se mastica aquella mentira para que luego se caguen verdades sobre la boca.
Buscamos el terreno, pero solo hallamos un silencio dialogante.
¿y donde mas podría estar la palabra?
José Ernesto Marti
1 comentario:
hay palabras que saben seducir a traves de sus apariencias.
...son aquellas que han aprendido a bailar.
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